Miembros del MOE viajan al Polo Sur en apoyo de una misión científica sobre el cambio climático

En la lucha del ser humano por la ciencia en uno de los entornos que pugna por ser el más extremo del mundo, Alicante tiene mucho que decir. La Campaña Antártica del Ejército de Tierra cuenta este año con tres miembros del Mando de Operaciones Especiales (MOE) con base en Rabasa, en la capital alicantina, quienes durante dos meses trabajarán en la base Gabriel de Castilla en la Isla Decepción, a 1.000 kilómetros de la zona poblada más cercana. Es decir, aislados a casi cinco días de navegación en un agua helada.

La misión de estos doce militares no es otra que la de procurar la logística del equipo científico en la otra base antártica española, la Juan Carlos I. Con una sensación térmica que puede superar los 14 grados bajo cero y a 13.000 kilómetros de España, se trata de todo un reto en pro de la investigación para el destacamento, que se halla en destino desde el pasado 26 de diciembre. Todo ello, además, junto a un volcán activo y con vientos que pueden alcanzar hasta los 120 kilómetros por hora.

Pero no por duro es menos deseado el reto. Hasta 215 militares solicitaron formar parte de la campaña, pese a que tan solo una docena podía conformar la dotación. Al frente del contingente militar que presta servicio a la expedición científica figura el comandante Juan Navarro, ilicitano de 43 años, quien asegura que «nuestra razón de ser es la de apoyar a los científicos para que puedan desarrollar su labor en las mejores condiciones». Junto a él, viajan otros dos 'boinas verdes' del cuartel alicantino. El brigada Juan Carlos Rodríguez Chorro, responsable de la navegación, y el sargento de primera Rubén Becerra Villarejo, al frente de la mecánica de la base, completan la representación del MOE de Alicante.

Antes de poner rumbo al Polo Sur, una exhaustiva adaptación a las condiciones del continente helado precedió la marcha y les llevó hasta Zaragoza, Cartagena y el Pirineo oscense. El principal objetivo no es otro que prever cualquier situación de riesgo y poder darle solución en unas condiciones extremas. Así, durante la preparación tuvieron tiempo de maniobrar con la maquinaria que emplearán en las reparaciones del material, por ejemplo, en la capital aragonesa.

Mientras, en aguas cartageneras ejecutaron las prácticas con las embarcaciones con las que navegarán a través de la Antártida y el hielo. No obstante, los glaciares pirenaicos de Huesca pusieron a prueba la desenvoltura de los soldados campo a través en condiciones heladas.

Cada puesto requiere de una preparación específica. Se necesitan conocimientos de odontología o de manejo de las ecografías para atender una urgencia médica, sin olvidar la capacidad para reparar la bomba de agua o afrontar cortes del suministro eléctrico. La autonomía es una de las claves de la misión, pues se antoja harto complicado tener que solventar una urgencia fuera de la base, teniendo en cuenta que casi cinco días de navegación les separan de la civilización.

Nada más llegar, el trabajo arrancó con la puesta en marcha de la base. Casi treinta años de experiencia con la Campaña Antártica, esta es la vigésimo séptima, le han servido al Ejército de Tierra para anticipar toda clase de imprevistos en condiciones de aislamiento, como cuenta el comandante Navarro, quien ya se desplazó en enero de 2013 para reconocer el entorno al que se enfrentan. Aun así, quien ya les ha podido adelantar qué les depara en los dos meses de misión es el brigada Chorro, quien formó parte de la expedición hace ya cinco años y repite en esta edición.

Compañía de Operaciones Especiales 101 - 7

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